Mucho os he hablado sobre el engaño del que hemos sido víctimas los inversores con el techo que han hecho los mercados en febrero,

y de cómo, todos los participantes – menos los que éramos el plato principal del festín – sabían que íbamos a caer:

Los núcleos duros de las empresas y sus mensajes invitándonos a comprar sus acciones

Los Bancos de inversión y las gestoras de fondos, con sus mensajes de euforia (“Europa Enamora” nos dijeron en R4 el 14 de febrero) y la organización masiva de foros de inversión por toda España entre septiembre 2019-Ene 2020 (auspiciados por Capital Radio)

Los analistas técnicos y sus gráficos, que invitaban, nos aseguraban los Doblado, Ortega and company, muchos meses/años de subidas de dos dígitos. Unos, los más, esclavos del chartismo y sus falacias; otros, los menos, pero muy dañinos, sin escrúpulos y cómplices directos de la trama.

Y por supuesto, Trump, con sus acuerdos/desacuerdos comerciales y sus tweets, siempre creando confusión para pillar al inversor a contra pie. Nunca tuvo el sistema financiero un presidente más servil a sus intereses.

Y si bien, os dije, en un articulo reciente

que si bien no tenía dudas de que sabían el desplome que se venía, y hasta la fecha, ¿o pensáis que es casualidad donde se dio la vuelta el stoxx 600?, 100% al tick de una onda terminal (ver gráfico siguiente) que podría haberse estirado un 2-3% más, pero como os comente, “habíamos entrado ya en territorio comanche”

si que contemplaba la posibilidad que no conocieran la pandemia de antemano y simplemente la hubieran utilizado cómo algo sobrevenido, útil cómo justificación para las caídas, pero que, perfectamente podrían haber buscado/creado cualquier otro motivo creíble. Será por falta de imaginación y capacidad de estos poderosos entes alados.

Pero, sin embargo, algo ha pasado esta semana que me ha hecho pensar en una posibilidad más oscura e inquietante. Y eso ha sido, el desplome, histórico y sin precedentes, que hemos vivido en el petróleo (con show previo de la Opep+ y Trump).

A continuación, os traigo un gráfico del Stoxx 600 y del sectorial petróleo. En él podemos ver cómo, en oct-2018, el sectorial hace un techo formando una onda terminal que forma un último impulso en 127 al tick. Desde ese techo, y durante más de un año, petroleras, bancos de inversión y casas de análisis ponen en marcha una perfecta maquinaria de comunicación de mensajes a cual más positivo con el objeto de colocarnos/distribuir sus acciones de forma masiva.

Pero hay algo curioso, y es que, el sectorial – tras la oportuna colocación de Aramco a mediados de diciembre , mayor OPV de la historia, ¡que gran negocio el de los jeques! – comienza a caer en enero, casi dos meses antes que los índices mundiales.

Que el sector petróleo, sabia, cómo el resto, que íbamos a caer, es seguro, pero, la pregunta que hay que formularse es

¿Sabían en el sector la magnitud a la que iban a tener que enfrentarse con un shock de la demanda sin precedentes en la historia, y por ello, empezaron a caer antes, para ponerse baratas, y, con la colaboración de los sospechosos de siempre, obtener recomendaciones masivas de compras mientras los índices seguían super alcistas – nos decían – y así terminar de distribuir?

Porque seamos claros, una debacle como la que hemos vivido en el petróleo, con precios en negativo del barril como consecuencia de una oferta infinitamente superior a una demanda inexistente, es algo inimaginable incluso para el caso de una recesión económica mundial. No. Lo que hemos vivido sólo es posible en una Pandemia y, condición necesaria también, y esto es importante, con el confinamiento al que la población mundial ha sido sometida.

Hasta aquí los hechos expuestos. Dejo al criterio del lector si se trata de especulaciones sin sentido fruto de mi paranoia, pues, además, como dicen entre burlas los analistas técnicos mediáticos, la manipulación no existe en los mercados y los precios los movemos los inversores…

Pero aun preso de la paranoia – en mi descargo decir que quien no lo está ahora mismo con tanto encierro – , si me gustaría dejar en claro varios puntos sobre los que no tengo dudas:

1) Los participantes del mercado relevantes – menos los inversores – sabían lo que se venia.

2) El sector del petróleo sabía que la cosa, en especial para ellos, venia chunga. Y lo sabían desde mucho antes de noviembre (fecha anuncio OPV de Aramco).

3) Que si nuestros gobiernos y entes mundiales hubieran dedicado a la gestión de la pandemia tan solo un 1% de la inteligencia con la que los señores de los mercados mueven valores e índices mundiales (y las noticias que los acompañan) en una sincronía coral perfecta, el bichito estaba, sino vencido, pidiendo la hora. Pero no, en su lugar, el despropósito, la ineficiencia absoluta, los mensajes confusos. En la era del Big Data, en pleno siglo XXI, los memos y serviles que nos gobiernan no son capaces ni de contar con precisión a nuestros muertos.

4) y último. En lo referente a los mercados, no tengo dudas de que, cuanto mayor sea el caos, mayor los beneficios de los que manejan sus hilos. Y una pandemia cómo la que sufrimos, y en las condiciones en que la sufrimos, tiene, no lo dudéis, exponencialmente muchas más posibilidades a la hora de desplumarnos que la más cruenta de las recesiones.

Miles de buitres callados, van extendiendo sus alas… Maldito baile de muertos, la de esta silenciosa danza.

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